Ahora que la luz no entorpece, que los días tienen la medida justa de lo vivido, que el huerto, la rosa y el mar están ahí, sobre la arena, la maceta y la tierra, ocupando  la certeza de lo que son, ahora ¿podrás mirar con amor los pasos perdidos, los ecos sin devolución, las tormentas de inquietud?  Añoras, cuando el camino realizas, aquellos sucesos y personas, aquellos símbolos, casi conceptos o narrativa personal, cuando todo tenía explicación, argumento, cuando los hechos transcurrían encolerizados o devenían con la alegría de ser joven bajo el umbral de las incertidumbres, cuando convencidos construíamos el mundo como una catedral…  Ahora, que no necesitas las palabras, que no te inventas, ahora que tu deseo no es arlequín de nadie ¿podrás perdonarte de lo que fuiste?  Si miras el mundo sustentado por tus palabras, si observas el íntimo sentir, fuera y dentro, todo imágenes que se desvanecen, verás que no puedes escapar, en el desierto, de la arena, pero sí levantar tu oasis, tu identidad, tu fortaleza inquebrantable.

Texto y Foto: José Luis Navarro Vallejo (@sesgo)

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