Luz que agoniza
Pertenece al cielo esta mansedumbre de contemplar el ocaso, poner el ánimo en el contraste de luz que agoniza y los velos de una oscuridad creciendo como un seto que reclama sus fronteras. Un silencio amamanta el declinar del fulgor en el que se recoge la serenidad y se apagan las estridencias que acompañaron las horas luminosas; se agolpan todos los latidos en un puño de radiante lejanía, porque la tarde se va en la nave donde florece la noche. Destacan postes y pequeñas torres transmitiendo el día y la noche sobre el horizonte. Espero que la alegría del día me acompañe, que en el aire vaya inalterable el valor de vivir, que los pájaros, las brisas, gozosos y llenos de brío, no se marchiten en mi memoria. Se bañan de oro compungido los límites de la tarde, la nube se aploma en un gesto de salvación, manteniendo vivaz el último residuo de luz que huye del mundo.
Texto y Foto: José Luis Navarro Vallejo (@sesgo)




















